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Girls talk

NO SOY BONITA

No soy bonita. Nunca ha sido un concepto que sienta mío, del que me haya apropiado. Del que me sostenga cuando en los exámenes psicométricos preguntan “¿Cuáles son tres cosas que te caracterizan?”

No soy bonita. Tengo catorce años y no me gusta maquillarme. Y cuando lo hago, me sale fatal. Las niñas de mi salón van delineadas y con gloss en los labios, pero yo apenas me puedo poner un moño en el cabello cuando me levanto para simular que sí me peiné.

No soy bonita. Tengo quince años y hemos creado un club de lectura en los recreos. Leemos nuestras novelas de ficción y reímos juntas, pero hay una amiga que trae revistas que no sé si se las robó a su mamá o ella las compró. Las he visto, claro, y tengo muchas de ellas. La diferencia es que yo las tengo por los posters que trae adentro de mis bandas favoritas para tapizar mi cuarto, no por los balazos de la portada tipo “5 pasos para que el niño que te gusta se fije en ti” o “Cómo conseguir un cuerpo para el verano en 4 semanas”.

No soy bonita. Tengo dieciséis y estoy viviendo un verano lejos de casa y todo lo que conocí alguna vez. Entro a una tienda de ropa y me regalan un cupón de descuento a pesar de que no he comprado nada. Antes de leerlo bien, fijo la vista en la modelo que aparece en medio de la fotografía, en cómo junta los pies pero se le forma un hueco entre los muslos. En ese momento pienso Yo no compro aquí porque jamás me voy a ver como ella. Y guardo la imagen en mi memoria y me cambia la vida para siempre.

Tengo dieciocho y hago mis primeras amistades gays. Voy a mis primeras fiestas. Cada salida es conocer a nuevas personas y dejarte sorprender por nuevas mentes. En una de esas estoy con algunos de mis amigos y compañeros del salón y comienzan a hacer preguntas. Preguntas que uno no respondería en la calle, dejando las palabras al aire para que la lleve a los oídos de quien sea. Es un círculo de confianza y lo que se habla, se habla con la verdad. Y dicen ¿Quién es la más bonita de la carrera? Y rebotan mil nombres en la mesa, pero ninguno es el mío. Quizás porque yo estoy ahí o simplemente porque no se les ocurrió.

Tengo diecinueve y creo que ya viví casi todo lo que tenía que vivir, pero no es cierto. Es verano y me compro un vestido de graduación en una tienda que solo vende tallas chicas y aunque es algo que generalmente no me pondría, el cierre sí me sube, y parece una serendipia adolescente que mi tarjeta de débito no puede ignorar. Me lo pongo para una fiesta en la que me encuentro con el chico que me da miedo querer, quien me toma de la mano y me dice “Te ves bonita”. Y aunque no es la primera vez que me lo dicen, parece que es la primera vez que lo escucho, y como que le creo.

Tengo veinte años y estoy comiendo doritos en el último piso del edificio que pronto se convirtió en mi exdepartamento. Es noche de niñas. Bailamos y cantamos y saltamos en la sala; cuando por fin nos cansamos, empieza la plática densa. Acerca de los corazones rotos, de nuestros sueños, de nuestros miedos. Una amiga cuenta una anécdota del salón en el que le admitió a un compañero que ella No era bonita, que no se sentía bonita. Y guardo sus palabras en las notas de mi celular para que nunca se me olvide que hay más como yo.

Tengo veintiuno. Es mi cumpleaños. Hay un pastel de chocolate en frente de mí cuyas velitas se van a consumir con el viento si no me apuro a soplarlas. Lo hago y sonrío, porque es la primera vez que no pido nada. No es como otros años: no pido ser más delgada, un chico que me trate bien, dinero para comprar cosas. Me doy cuenta que aunque son cosas que me podrían hacer sentir bonita, al final no me hacen bonita. No serían suficientes para poder asociarme con ese concepto que me ha perseguido durante tantos años.

D E S P U É S  D E  T O D O. . .

No tengo la cara con facciones divinas que salen en las portadas de Vogue.

No tengo el cuerpo para ser un ángel de Victoria Secret.

Ser bonita ya ha perdido mucha relevancia, porque me di cuenta de las cosas. De que la belleza es subjetiva y complicada, nunca nos ponemos de acuerdo (Ejemplo de ello son los concursos, como Miss Universo) pero tampoco tenemos por qué. Es una actitud, porque no depende tanto de cómo te perciben los demás, sino de cómo te percibes tú. Pero sobre todo, ser bonita no es el primer adjetivo con el que me describe la gente, y lo agradezco. Prefiero que me recuerden por ser otras cosas.

Por ser valiente.

Creativa.

Divertida.

Diferente.

 

Una pequeña reflexión de viernes. ¿Ustedes qué piensan sobre esto? ¿Qué tanto importa ser o no bonita? ¿Quién lo dicta? Los estaré leyendo 🙂

Con mucho cariño,

 

-Sofi.

 

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4 Comments

  • Reply Claudia Gabriela Tena Avalos

    perfecto de verdad ser bonita es ser buena persona sonriente fuerte alegre sincera considerada y nunca pesimista eso y más eres tú Sofi XOXO

    junio 9, 2017 at 2:07 pm
  • Reply Martha Andrea Villagomez

    Me encanto Necesitaba leer algo así

    junio 9, 2017 at 11:23 pm
    • Reply sofindie

      muchas gracias Martha! A mí me hacía falta escribirlo 🙂

      agosto 3, 2017 at 7:19 pm
  • Reply Karen Juarez

    Ale super bonito tu post me encantó. Es muy sinsero y eso es lo que la gente lo gusta en mi opinión, más post como este donde te hacen exponerte un como mas pero también te hacen ver genuina, por la persona que eres te harán crecer más y más <3 estoy super contenta ver que estás trabajando en lo que te gusta y te apasiona. Nunca dejes de ser tu esa hermosa persona que eres con muy bonitos sentimientos. No puedo esperar a donde te lleva esta hermosa trayectoria que te estás brindando tu misma.

    junio 10, 2017 at 10:25 pm
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